¿Por qué muchas mujeres no disfrutan con el coito?

¿Has dejado de disfrutar del sexo? ¿Nunca te gustó? ¿Te aburre o te duele?

Si alguna vez te has hecho estas preguntas, no eres la única. Muchas mujeres heterosexuales o bisexuales no disfrutan de la penetración vaginal, y no es porque haya “algo mal” en ellas. El problema muchas veces está en el modelo sexual que nos han enseñado: un modelo coitocentrista, que gira en torno al placer masculino y deja de lado los ritmos, necesidades y deseos del cuerpo femenino.

Para que la penetración vaginal pueda ser placentera, es fundamental poner en el centro el autocuidado, el deseo propio y la conexión con el cuerpo. Esto es válido independientemente de tu orientación sexual o de lo que se introduzca (ya sea un dedo, un pene o un juguete): lo importante es cómo lo vives tú, si lo deseas, si te sientes segura y si hay espacio para tu placer.

Tu cuerpo merece atención, respeto y disfrute. Explorar lo que te gusta, sin culpas ni prisas, también es parte del camino hacia una sexualidad más libre y consciente.

En nuestra cultura, muchas personas heterosexuales han crecido dentro de un modelo sexual coitocentrista, donde el sexo se entiende casi exclusivamente como penetración pene-vagina. Este modelo tiene raíces en una historia de represión sexual, donde se castigaba todo lo que no estuviera orientado a la reproducción, y donde el deseo femenino fue silenciado y controlado.

Durante siglos, a las mujeres se les ha enseñado a desconectarse de su deseo. Incluso teorías como las de Freud, que aún hoy siguen influyendo, reforzaron esta idea: él sostenía que solo las mujeres “maduras” podían tener orgasmos vaginales (y solo con penetración). Esta afirmación, sin base científica, generó mucha frustración y vergüenza en mujeres que no alcanzaban el orgasmo de esa forma. Lo que Freud ignoraba —y ahora sabemos— es que el clítoris es el verdadero protagonista del placer femenino, y que no es un simple botoncito ya que su estructura interna rodea también la vagina . Por eso muchas mujeres sienten placer interno… gracias al clítoris, no exclusivamente por la penetración.

Centrar la sexualidad únicamente en el coito deja fuera muchas otras formas de placer y de conexión. La mayoría de mujeres no se sienten plenamente satisfechas con una práctica sexual que ignora cómo funciona su cuerpo. A veces, al inicio de una relación, puede parecer que la penetración es más deseada (debido a ciertos cambios hormonales, como el aumento de testosterona), pero con el tiempo esa intensidad disminuye si no hay una vivencia del sexo más amplia, diversa y conectada con el propio deseo.

El placer no es automático ni está en una sola práctica. Escuchar al cuerpo, explorar lo que nos gusta, salir del guion aprendido… eso también es parte del camino hacia una sexualidad más libre, consciente y de goce.

Tener un orgasmo no significa que una relación sexual haya sido satisfactoria, sin embargo, puede darnos pistas importantes sobre cómo vivimos nuestra sexualidad. Un estudio de The Journal of Sexual Medicine en 2014 analizó la frecuencia del orgasmo en distintas orientaciones sexuales. Mientras que en los hombres las diferencias fueron mínimas, en el caso de las mujeres los datos fueron muy reveladores: las mujeres lesbianas experimentaban orgasmos en el 74,7% de sus relaciones, las mujeres heterosexuales en un 61,6% y las bisexuales un 58%.

¿Por qué esta diferencia? Una posible explicación es que en muchas relaciones entre mujeres no se sigue el guion coitocentrista tradicional. Se da más espacio a la comunicación, al juego, a la atención mutua… y sobre todo, a lo que realmente funciona para el cuerpo de una mujer.

En cambio, en muchas relaciones heterosexuales, el sexo sigue estando enfocado en el placer masculino, con la idea de que la mujer debe “complacer” y ocupar un rol más pasivo o decorativo. Esto deja poco margen para que las mujeres conecten con su propio deseo y se sientan libres para explorar lo que realmente las excita.

El placer no debería ser un privilegio, sino una experiencia compartida y cuidada. Cuando salimos del molde impuesto, nos damos permiso para descubrir nuevas formas de gozar que sí tienen en cuenta nuestro cuerpo, nuestro ritmo y nuestro deseo.

El coitocentrismo también les afecta a ellos.

El modelo sexual coitocentrista no solo perjudica a las mujeres: también limita profundamente la vivencia sexual de los hombres. Se les ha hecho creer que siempre deben estar dispuestos, tener una erección en todo momento y saber automáticamente “cómo hacerlo bien”. Pero, ¿qué pasa si no hay erección? ¿Significa que no puede haber placer, conexión o intimidad? Claro que no.

La presión de “funcionar” como se espera —alimentada en parte por el porno— puede generar mucha ansiedad, frustración y llevar incluso a disfunciones sexuales como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil. Y cuando algo no sale como se espera, muchas veces la culpa se proyecta sobre la pareja: “no me excita lo suficiente”, “no hace lo que debe”, “algo le pasa”. Por miedo a “fallar”, muchos hombres buscan penetrar rápidamente, sin esperar a que la mujer esté realmente preparada, física o emocionalmente.

Pero hay más. A los hombres se les educa para desconectarse de sus emociones: se les prohíbe llorar, mostrar miedo o tristeza, porque eso se interpreta como debilidad. En cambio, se les permite o incluso anima a expresar la ira, competir, demostrar fuerza. También se les impone la idea de que deben saber llevar las riendas en la cama, que el tamaño del pene importa, y que valen más cuantos más cuerpos “conquisten”.

Todo esto crea una imagen rígida y dañina de lo que “debería” ser un hombre, especialmente en lo sexual. Una imagen que les presiona, les aísla y les impide vivir una sexualidad plena, consciente y afectiva. Cuestionar este modelo no es una amenaza a la masculinidad: es una oportunidad para que hombres y mujeres podamos relacionarnos desde el deseo, el respeto mutuo y el placer compartido.

¿Es el coito la mejor manera de disfrutar en el sexo?

Disfrutar del coito
Fotografía de Alexander Krivitskiy

Diversos estudios revelan que la penetración vaginal no es la práctica más placentera para muchas mujeres o para que alcance el orgasmo. Aun así, existe una fuerte presión para que el orgasmo llegue exclusivamente a través de la penetración vaginal. Esta expectativa puede llevar a muchas mujeres a fingir el orgasmo, por distintas razones: para que la práctica termine, para evitar preguntas incómodas, para no herir a la pareja, por aburrimiento, para simular un orgasmo simultáneo, porque sienten dolor o simplemente porque no sienten nada.

El dolor durante o después del sexo es más común de lo que pensamos, y lo más preocupante es que muchas mujeres lo han normalizado. Pero que sea frecuente no significa que sea normal ni que haya que aguantarlo. Sentir dolor durante la penetración es una señal de que algo no está funcionando bien. Por eso es importante no forzarse y consultar con profesionales especializados en ginecología o fisioterapia del suelo pélvico. El cuerpo habla, y cuando lo hace a través del dolor, necesita ser escuchado con cuidado y sin juicios.

En muchos casos, el dolor tiene que ver con cómo se realiza la penetración: sin preparación, sin deseo, sin lubricación suficiente, sin tiempo, sin consentimiento pleno. Es decir, sin autocuidado. Si no se tiene en cuenta el cuerpo de la mujer, sus tiempos, sus necesidades, sus emociones, lo más probable es que no haya placer… y sí haya molestias o dolor.

Un estudio del Instituto de las Mujeres de 2022 —La sexualidad de las mujeres jóvenes en el contexto español, — recogió los testimonios de 1.500 mujeres. El 74,6% tenía como práctica sexual principal el coito pene-vagina, y un 57,7% reconoció haberlo hecho sin desearlo. Este dato es alarmante, pero no sorprendente. Muchas mujeres siguen creyendo que su rol en el sexo es satisfacer primero a la pareja y estar siempre disponibles, aunque ellas no lo deseen.

El placer no debería vivirse como una obligación, ni fingirse, ni doler. Merecemos prácticas sexuales que nos incluyan, nos respeten y nos cuiden. Porque una sexualidad libre y consciente empieza por escucharnos y por dejar de poner las necesidades del otro por encima de las propias.

Según el estudio que comentábamos, la mayoría de relaciones heterosexuales terminan en coito, aunque no sea la práctica más deseada ni la que más placer proporciona a las mujeres. Entonces, ¿por qué sigue siendo la “forma estándar” de acabar una relación sexual? La respuesta es cultural: muchas mujeres sienten que es lo que se espera de ellas. No se cuestiona, simplemente se repite. Y muchas veces, ni siquiera se habla de ello.

Lo que pocas veces se dice es que ellos también fingen, también mantienen relaciones sexuales sin desearlas, también sienten presión. Lo que culturalmente se ha impuesto como «lo correcto» no lo es necesariamente para nuestros cuerpos ni para nuestro bienestar.

El placer no debería venir del deber, sino del deseo auténtico. Dejar atrás lo que “debería ser” y conectar con lo que sentimos de verdad es clave. Es mejor la calidad que la cantidad.

Los datos lo confirman desde hace décadas. Shere Hite, en sus informes de 1976 y 2000, ya revelaba que más del 70% de las mujeres no alcanzaban el orgasmo mediante el coito sin estimulación del clítoris. Helen Kaplan también lo dejó claro: solo una minoría de mujeres llega al orgasmo en el coito sin estimulación adicional del clítoris.

Aun así, sigue muy arraigada la idea de que una relación sexual “completa” debe incluir la penetración. Pero el acto sexual no debería girar únicamente en torno al coito, ni ser el final obligado de ningún encuentro íntimo. La penetración, ya sea con pene, dedos o un objeto, puede formar parte de una relación sexual si así se desea, pero no tiene por qué ser el centro ni mucho menos el objetivo.

Y ahora tal vez te preguntes: ¿por qué te cuento todo esto si el artículo va sobre cómo disfrutar del coito?
Precisamente por eso. Muchas mujeres no disfrutan —o incluso rechazan— esta práctica porque la han vivido desde la obligación, la prisa o la desconexión. Porque han aprendido a callar, a fingir o a soportar.

Por eso la clave está en darle un nuevo enfoque a la penetración vaginal: uno que parta del deseo, del respeto por el cuerpo, del autocuidado, de la comunicación, de la presencia. No se trata de imponerla, ni de considerarla imprescindible. Se trata de que, si forma parte de tu sexualidad, lo haga desde un lugar libre, placentero y compartido.

¿Por qué la penetración vaginal puede no ser placentera?

Vamos a detenernos un momento a observar cómo suelen desarrollarse muchas relaciones sexuales coitocentristas. El “guion” normalmente se empieza con los mal llamados preliminares, como si fueran algo accesorio. cuando están presentes, claro. Porque muchas veces ni siquiera eso ocurre. Los llamados preliminares suelen consistir en unos pocos besos, caricias y abrazos. Pero en cuanto el pene logra una erección, se suele dar por terminado el juego erótico y se pasa directamente a la penetración. El cuerpo de la mujer aún no está preparado, y muchas veces ni siquiera ha sentido un deseo real de acoger esa penetración.

Esta prisa, esta urgencia por penetrar, es una de las principales razones por las que muchas mujeres sienten incomodidad, rechazo o incluso dolor durante el coito. Porque, aunque haya un consentimiento verbal o implícito, no siempre hay un deseo auténtico ni un cuerpo dispuesto. Cuando eso ocurre, el cuerpo puede vivir la penetración como una invasión, aunque haya afecto o buena intención.

El deseo no siempre es espontáneo. Necesita tiempo, espacio, conexión emocional, relajación, confianza y estimulación adecuada. Si se ignoran estos elementos, es muy difícil que el coito sea una experiencia placentera. Y aun así, muchas mujeres se sienten obligadas a “cumplir”, incluso cuando su cuerpo está diciendo “no”.

Sigamos con el «guión», una vez introducido el pene en la vagina, se inicia un único movimiento rápido y fuerte de delante hacia atrás y se va incrementando la velocidad hasta que el hombre llega a la eyaculación y/o al orgasmo (que no tienen por qué coincidir). Es el momento en el que se entiende que se ha llegado a la meta y se da por finalizado el acto sexual.

Reconocer estas dinámicas es el primer paso para poder transformarlas. La penetración no debe ser un acto automático ni inevitable. Tiene que ser una posibilidad elegida libremente, en el momento en que realmente se desee, y con un cuerpo que esté preparado para recibir y disfrutar.

Además, esta fricción rápida dificulta la percepción de las sensaciones vaginales. Diana Richardson, maestra de tantra, asegura que esta forma de penetrar insensibiliza la vagina y deteriora los tejidos vaginales, por este motivo produce dolor o llega un momento que con los años no se siente nada, una razón más para explorar otras maneras de tener sexo ¿no crees?. Los movimientos bruscos pueden hacer que se contraiga la vagina como una forma de protección, por tanto, te invito a explorar una penetración lenta y deseada.

Además de la rapidez y las prisas, hay más razones por las que el coito puede no resultar placentero: la monotonía del movimiento, que puede llevar al aburrimiento. A esto se suma la presión de tener que continuar hasta que se produzca la eyaculación, como si ese fuera el único final válido de un encuentro sexual.

Cuando todo gira en torno a la penetración, muchas mujeres ya saben lo que viene después de unos besos, un masaje o una caricia. Y ese saber —implícito, aprendido, repetido— puede llevarlas a evitar incluso las muestras de afecto por miedo a tener que rechazar a su pareja o acabar accediendo a algo que en realidad no desean. Este miedo o incomodidad no siempre se expresa con palabras. A veces se traduce en un alejamiento, en poner límites al contacto físico, en una desconexión emocional que va creciendo sin que sepamos muy bien por qué.

Pero cuando separamos el sexo del coito, se abre un espacio nuevo. Un espacio donde besar, acariciar, tocar, bailar sensualmente o reír no tiene que ser una “puerta de entrada” obligatoria hacia la penetración. Donde una mujer sabe que puede entregarse a un momento de intimidad sin sentirse comprometida a seguir un guion. Y quizás, desde ese respeto surja el deseo de acoger el sexo… o no, y ambas cosas están bien, porque lo importante es que haya libertad para elegir hasta dónde se quiere llegar, sin temor a generar un conflicto, decepcionar o ser rechazada.

Ese es el verdadero cambio: pasar de una sexualidad vivida como obligación o expectativa, a una sexualidad habitada con autenticidad, deseo y consentimiento en cada paso.

Con placer,

Alexandra.

Fuentes:

Basado en mi TFM del máster en sexología y genero en Fundación Sexpol
Richarson D. (2004) Editorial Neo Person. Orgasmo tántrico para mujeres.
Chia, M., & Abrams, R. C. (2011). La mujer multiorgásmica: cómo descubrir la plenitud
de tu deseo, de tu placer y de tu vitalidad. Neo Person
Northrup, C. (1999). Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Urano.
BBC (2017). Por qué una de cada 10 mujeres siente dolor al tener relaciones sexuales
https://www.bbc.com/mundo/noticias-38745769
De Béjar, S. (2007). Tu sexo es aún más tuyo:» todo lo que has de saber para disfrutar
de tu sexualidad». Planeta.
Flaumenbaum D. (2015) editorial Creavida. Conversaciones, reportajes y talleres con
Danièle Flaumenbaum sobre femenino y maternal.
Instituto de las mujeres (2022). La sexualidad de las mujeres jóvenes en el contexto
español. Percepciones subjetivas e impacto de la formación

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